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martes, 23 de septiembre de 2014

Sacarse un MOOC

Soy experto en "Derecho y Redes Sociales". Me matriculé, seguí las clases, pasé los exámenes y ya tengo el título en casa. Un diploma avalado por la Universidad Europea de Madrid y con un profesor de excepción, Alejandro Touriño, del prestigioso bufete Écija Abogados y autor de un excelente libro sobre la materia,  "El derecho al olvido y a la intimidad en internet".  Nunca abrí la boca. Nadie me vio. Esta es mi experiencia sobre los MOOC. La educación "low cost"

Ficha del curso

La plataforma: Miríada X 
El coste: 0 euros
La duración del curso: 6 semanas
La dedicación estimada: 30 horas
Mi dedicación real: 6 horas
Titulación requerida: ninguna
Organizador: Universidad Europea
Compañeros de clase: 6.591
Profesor: Alejandro Touriño
Dinamizador: Enrique Sánchez Acosta

¿Qué son los MOOC?

Los Massive Online Open Courses (MOOC) son cursos impartidos por las universidades de forma gratuita y universal. No hay requisitos previos, sólo te inscribes y te conectas desde cualquier lugar del mundo el día que empieza el curso. Acercan el conocimiento a cualquier internauta. Es decir, a una audiencia potencial de 3.000 millones de alumnos. La mayor parte se ofrecen en inglés y a través de plataformas tan potentes como Coursera
  
En español tenemos Miriada X. La que yo elegí para probar. En su web dice que ya somos casi un millón de alumnos.

¿En qué consiste el curso?

El curso "Derecho y redes sociales" está dividido en una presentación y seis módulos. Cada módulo consiste en cuatro o cinco vídeos con explicaciones del profesor mirando a cámara. En algunos casos, en lugar de hablar el profesor, lo hace un experto. Al término de cada módulo hay un examen tipo test con preguntas sencillas relacionadas con las clases. Los vídeos no duran más de 2 o 3 minutos. No hay bibliografía ni documentos adjuntos. Sólo los vídeos.
 
A lo largo del curso puedes participar en los foros con el resto de alumnos. No hay moderación, cada alumno escribe lo que quiere y abre las discusiones que le parezcan oportunas. La participación en los foros te va dando puntos para tu cualificación como alumno de Miríada X. Según mi perfil oficial en la plataforma, los 1.237 puntos acumulados me otorgan la categoría de "sabio".
 
Los seis módulos fueron introduciéndose a lo largo de seis semanas. El dinamizador te va enviando recordatorios al correo electrónico para que no se te olvide la clase. Tienes varios días para entrar en cada módulo, ver el vídeo cuantas veces quieras y pasar el test en el momento que tú elijas. La participación en los foros es voluntaria.
 
Superé los cinco primeros módulos sin problemas, los contenidos eran sencillos y los tests no guardaban sorpresas. Por cuestiones de trabajo no pude completar el sexto examen. Aún así, me dieron el título.     
 
Lo bueno del MOOC
 
- Lo adaptas a tus costumbres y horarios
- Excelente el diseño y la usabilidad
- Tomas apuntes como en una clase presencial
- Amplías tu radio de interés intelectual  
- Construyes tu propia formación
- Los foros son una oportunidad para incrementar tu reputación digital
- Tú decides tu grado de implicación
- Si no te gusta, lo dejas sin ningún tipo de consecuencias  
 
Lo mejorable
 
- Los vídeos del profesor son pobres: busto parlante
- Los foros son caóticos, no hay moderación
- No hay posibilidad de interacción con el profesor 
- Hay alumnos que utilizan el foro como tablón de anuncios
- Faltan recursos didácticos como infografías, mapas o gráficos estadísticos   
- No incluye bibliografía ni webgrafía
- No se promueve el networking ni se organizan quedadas como en otro tipo de cursos online  
 
¿Valió la pena?
 
Nadie me engañó ni me vendió lo que no era. Mi experiencia fue positiva, con todas sus limitaciones académicas. Soy más partidario de los cursos "blended" en los que  al menos disfrutas de unas horas de contacto con profesores y alumnos. Pero me salió gratis, me enteré de conceptos que desconocía, no me aburrí y pude escribir este post. Así que muy bien por Miríada X y su esfuerzo por acercar la universidad a la gente.

martes, 27 de mayo de 2014

¿Estudias o chateas? Cómo ligamos por internet

Cada vez hay más personas solteras en el mundo. "Sólo" el 51 por ciento de los estadounidenses está casado. Es la cifra más baja de la historia. De cómo flirtean los casados nos ocuparemos otro día. Hoy vamos a descubrir cómo liga por internet la mitad de la población mundial sin ataduras sentimentales. Hemos encontrado la respuesta en una investigación dirigida por la profesora Amanda Lenhart, científica del Pew Research Center, ese instituto que nos mira con lupa -a los internautas- y publica regularmente interesantísimos estudios sobre la sociedad digital.
No es una moda de adolescentes
No todas las personas que están solteras buscan una relación. Pero entre las que sí tienen las antenas puestas, un 38% reconoce que ha acudido a la red para encontrar pareja. La mayor parte de los usuarios de los portales, chats y aplicaciones para ligar fluctúan entre los 25 y los 45 años. Tienen  formación universitaria y viven en zonas urbanas. Al contrario de lo que solemos pensar, no son los adolescentes los que más ligan online. De hecho, la media de edad de los que usan portales como Meetic o Match es de 38 años. Y la media de los que usan aplicaciones (para móvil o tableta) especializadas en ligoteo es de 29 años.
¿Y cómo os conocisteis?
Casi la mitad de los estadounidenses confiesa que conoce a alguien de su entorno que ha tenido una relación de origen virtual. No es algo que ya nos sorprenda ni que censuremos. Lo vemos en el trabajo, en nuestra familia, entre nuestras amistades: la gente reconoce abiertamente que todo empezó con un "clic". Ligar pertrechado tras un ordenador o un móvil, en lugar de una copa o una sonrisa encantadora, es visto como algo natural y hasta aconsejable por el 59% de los estadounidenses. Sólo un 21% piensa que es un recurso para "personas desesperadas". En 2005 ese prejuicio lo tenía un 29% de los encuestados.
Con supervisión divina
En EEUU, los portales más socorridos para buscar pareja son Match.com, utilizado por un 45% de los internautas, seguido de eHarmony, con un 23% y Plenty of Fish, con un 17%. Un 2% de los contactos online se han producido en un portal cristiano, Christian Mingle, que garantiza relaciones supervisadas desde lo más alto.   
El éxito no está asegurado
¿Con tanta oferta es fácil encontrar pareja? No siempre. Las bases de datos que manejan los portales especializados son ingentes, y los algoritmos lanzan sus flechas con bastante puntería, pero no siempre dan en el blanco. Por eso un 40% de los usuarios opta directamente por portales específicos que les conectan con personas de su mismo perfil (estudios, aficiones, etc.).
Según el informe, el 66% por ciento de los usuarios de webs y aplicaciones ha conseguido ligar al menos en una ocasión, e incluso un 23% ha consolidado esa relación a largo plazo. Es decir, uno de cada cuatro consigue pareja estable. Porque no lo olvidemos: el objetivo del 46% de los usuarios es encontrar a su media naranja. Sólo un 25% busca pasárselo bien con una relación esporádica.
¿Se liga en Twitter?
No disponemos de datos precisos sobre Twitter o Facebook. Pero sí sabemos que recurrimos a las redes sociales, en general, para investigar a antiguas parejas. Uno de cada tres usuarios reconoce que ha estado espiando alguna vez en Twitter, Facebook, Tuenti, etc. a ese exnovio o exnovia a quien aparentemente quisimos borrar de nuestras cabezas.
Pero no sólo echamos la vista atrás. También usamos las redes sociales para saber algo más sobre la persona que nos está empezando a gustar. Un 30% de los usuarios reconoce que ha buscado información sobre la persona con las que le gustaría ligar, y un 15% ha utilizado directamente la red social para echarle los tejos a alguien.
Así que cuidado con los followers, que a veces tiran flechas.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

La intimidad ha muerto ¡Vivan las Google Glass!


Año 2014 d.C. La intimidad ha muerto. No nos hagamos los sorprendidos, porque ya estábamos avisados. Hemos arrojado a la hoguera de las redes sociales el pudor y los secretos de familia. Tolstoi, Jane Austen y Conan Doyle se morirían hoy de hambre. Facebook acabó con el diario adolescente, y las Google Glass con el monóculo, la lupa y el ojo de la cerradura. 

Con la universalización de las Google Glass la mirada humana, entendida como el punto de vista irrepetible de cada uno de los individuos de una especie inteligente, puede estar entonando su final. Mirar con otros ojos, mirar con perspectiva, mirar de reojo, mirar de soslayo, entornar los ojos, guiñar un ojo, echar un vistazo... Arcaísmos analógicos que la nueva lente no procesará. A golpe de clic grabaremos sin discriminar lo interesante de lo importante, lo privado de lo público. Son gafas que ni miran ni ven: registran. 

De momento unas 10.000 personas han probado ya las GG. Al margen de su éxito comercial, la tecnología llamada "wearable" ha llegado para quedarse. Tecnología de camuflaje, instalada en la ropa o directamente en la epidermis.

En "The Entire History of You", tercer episodio de la inquietante serie británica Black Mirror, los seres humanos llevan un chip incorporado detrás de la oreja donde almacenan todo lo que ven. Si quieren recuperar una imagen del pasado, sólo tienen que rebobinar. La ciencia ficción, como siempre, anticipando el futuro

Los humanos, frente a otras especies, vemos en color, pero además miramos y nos escondemos de la mirada del otro. Empieza a ser imposible debido a la proliferación de cámaras de vigilancia, de los teléfonos de última generación y, desde ahora, de las invasivas gafas. "Veremos muy pronto un mundo en el que tus movimientos sean seguidos en todo momento, en que un extraño que se cruce contigo en la calle te podrá identificar inmediatamente", advierte The Economist en un reciente informe.

Parece que Google ha decidido que las Glass sólo graben breves intervalos y ha excluido de momento las aplicaciones de reconocimiento facial. Pero vendrán otras lentes que funcionen  ininterrumpidamente y lo suban todo a la nube. Los drones y las gafas han llegado también para quedarse. 

La alarma es general. Según The Economist, es urgente regular el uso de estos instrumentos porque ya están aquí y, además, cada vez serán más sofisticados y diminutos. La sociedad debe poder decidir qué se puede grabar y con qué fines

Mi impresión es que las Google Glass van a terminar de dinamitar dos conceptos ya muy endebles: la propiedad intelectual y la intimidad. No son tan antiguos como el hombre de Atapuerca, porque ambos derechos nacieron, o al menos se consolidaron jurídicamente, en el siglo XVIII. Son convenciones que habrá que sustituir por otras.

Decía Umberto Eco en el año 2000, en los albores de la era digital, que la defensa de la privacidad no sólo es un problema jurídico, sino moral y antropológico cultural. "Creo que una de las grandes tragedias de la sociedad de masas, de la sociedad de la prensa, la televisión e internet, es la renuncia voluntaria a la privacidad. La máxima renuncia a la privacidad (y, por tanto, a la discreción, incluso al pudor) es -en el límite de los patológico- el exhibicionismo", se lamentaba Eco.

Para el semiólogo piamontés, tendremos que aprender a elaborar, difundir y premiar una nueva educación de la intimidad, educar en el respeto a nuestra propia privacidad y a la de los demás. Es la ética de la intimidad (lo que yo hago con la información que los demás comparten conmigo) y la ética de la publificación (lo que yo decido difundir de mí mismo) de las que habla Jeff Jarvis. Según The Economist, la ideología liberal ha descuidado paradójicamente el derecho del ciudadano a mantener un "espacio personal online". Es hora de ponerse a trabajar. No podemos cerrar los ojos. 

lunes, 25 de noviembre de 2013

Piensa grande, escribe corto



Cada día producimos 3,6 billones de palabras en la red. Recientemente se lo escuché a Alejandro Piscitelli en un congreso organizado por Educación 3.0. La nube se puebla de palabras. Frente a quienes vaticinaban el fin de la escritura con las TIC, vivimos hoy una nueva era alfabética. Una de las tantas paradojas de la cultura digital, como subraya Umberto Eco en "Nadie acabará con los libros".
 
La saturación nos fuerza a leer en diagonal y a desechar sin contemplaciones miles de mensajes que nos inundan desde los  medios, los blogs, el correo electrónico, los chats o las redes sociales. La mayor parte de las palabras se pierden en el camino o se instalan en la nube. Nunca bajarán a la tierra.  Por eso los lectores de blogs, tuits y titulares agradecemos aquel viejo consejo de George Lois"Think Long. Write Short".
 
"Piensa grande, escribe corto". El mago de la publicidad del siglo XX, en quien se inspiró Matthew Weiner para el personaje de Don Draper en Mad Men, esculpió en sólo cuatro palabras la métrica de la modernidad.
 
Hoy me aplico el cuento. Entrada corta, salida triunfal.

martes, 12 de noviembre de 2013

Facebook y Twitter: Más de 150 amigos es vicio

¿Cuántos amigos tienes en Facebook? Si son más de 150, es que no son amigos.
 
Un antropólogo británico, Robin Dunbar, publicó en 1992 en el Journal of Human Evolution que la especie humana sólo puede interactuar con un máximo de 147,8 individuos. Ese círculo lo conformarían amigos, colegas de trabajo, clientes, familiares o vecinos. No es casual que la media de invitados a una boda ronda los dos centenares.
 
La hipótesis de Dunbar es que las relaciones sociales de los primates, y por tanto de los humanos, están vinculadas al volumen del neocórtex cerebral. De hecho, las comunidades humanas más básicas -la aldea, el clan o las unidades militares- reúnen a una media de 150 individuos. La sociabilidad no tiene que ver con el encanto, sino con la capacidad craneal. Y nuestro neocórtex, por mucho que se empeñen Mark Zuckenberg y Jack Dorsey, no da para más.  
 
 
Lo cierto es que la reputación no la podemos medir por el número de seguidores en las redes sociales, sino por la calidad de éstos y el contenido que compartimos. En este sentido, los círculos sociales en que LinkedIn clasifica nuestro entorno de relaciones profesionales se acercan más a la realidad. Contactos de primera, de segunda y de tercera.
 
 
No ocurre lo mismo con Twitter o Facebook, que desde fuera no admiten otro intrumento de medición que la báscula. Decía John Carlin hace tiempo en un interesante artículo que Twitter es más para el narcisista. El tuitero tiene que demostrar al máximo número de gente posible lo listo, gracioso o ingenioso que es. Y también es más cerebral
 
 
Facebook, por el contrario, es exhibicionista y corporal: ahí colgamos nuestras novias y novios, las fotos de las vacaciones o el cruasán que desayunamos. Coincido básicamente con Carlin, pero vengo observando en los últimos meses que los usuarios sobre todo más jóvenes irrumpen en Twitter con una espontaneidad y desinhibición más propias de redes cerradas como Tuenti y Whatsapp. Es decir, rompiendo la etiqueta.
 
 
Twitter no es ciertamente el comedor de Downton Abbey, pero en internet imperaba hasta ahora una especie de derecho consuetudinario muy saludable. El trasvase de usuarios de unas redes a otras, con el manual de instrucciones incluido, puede modificar el ecosistema a muy corto plazo. Atentos.