miércoles, 29 de enero de 2014

Los 42.162 trabajadores más felices del mundo

¿Existe el paraíso laboral? La revista Fortune piensa que sí, y por eso cada año se empeña en buscar las 100 mejores empresas para trabajar en Estados Unidos. Las que más miman a sus empleados y donde el ambiente laboral favorece la creatividad y la felicidad del trabajador. Google, por quinta vez desde que se elabora esta lista, es la número 1.




Los 42.162 empleados de Google son los más afortunados del mundo, según Fortune. La impronta de la escuela de Montessori, como ya adelantamos en un artículo anterior, está dando sus frutos. Todos los empleados del buscador son accionistas de la empresa, y hay que recordar que cada acción de Google ronda los 1.000 dólares. Pero, según la revista, lo más destacado de la firma de Mountain View es la promoción de la filantropía entre los propios empleados. Google dona 50 dólares por cada cinco horas que uno de sus trabajadores dedica a tareas de voluntariado. Un programa social del buscador envió el año pasado a sus empleados a Ghana y La India a colaborar en proyectos sociales.
 
En segundo lugar del ranking aparece SAS, una empresa de informática de Carolina del Norte cuyos empleados disponen en la oficina de médicos, enfermeros, psicólogos, fisioterapeutas y hasta nutricionistas para ellos y sus familias. Como la también informática Intuit, en octavo lugar, que regala a sus siete mil empleados de Mountain View (vecinos de Google) bonos de gimnasio, entradas a partidos de baloncesto y clases de Pilates. De hecho, 76 de las 100 compañías cuentan con gimnasios en sus oficinas, y 57 de ellas abonan parcial o totalmente las cuotas de sus empleados en centros deportivos.  
 
Entre las 100 mejores empresas hay muchas del sector sanitario e informático. Curiosamente, no está Apple. También hay consultoras como Deloitte, KPMG y Price Waterhouse, hoteleras como Hyatt y Marriott y hasta compañías energéticas y de seguros, pero llama la atención que en el puesto 45 de la lista figure Goldman Sachs, la controvertida firma financiera neoyorquina. Fortune lleva este hecho a su portada. En el puesto 83 está Adobe, que ofrece períodos sabáticos a sus 6.802 empleados, y en el 86 Microsoft, que cubre totalmente los seguros de salud de sus 57.642 empleados y de sus familiares dependientes.
 
Pero lo más importante: las 100 compañías de la lista están buscando trabajadores. Hay 114.113 vacantes, según Fortune. 

domingo, 12 de enero de 2014

Dr. Google: El médico en casa

¿Quién no ha tratado de resolver una duda médica buceando en Google antes o después de acudir al doctor? Hacerlo antes no entusiasma precisamente a lo médicos, que refunfuñan si intuyen que vamos con la lección aprendida. Por otro lado, acudir a los buscadores nada más salir de la consulta es una reacción natural y, probablemente, el síntoma de que la información que nos proporcionan los profesionales no es siempre la adecuada. Se trata de un remedio casero ante la falta de claridad del médico pero, como  veremos en esta nota,  también puede ser un quebradero de cabeza para el paciente. ¿Es usted fiable, doctor Google?
 
En internet hay información que puede salvar vidas. El problema es encontrarla, como es habitual en la sociedad de la sobreinformación, y filtrarla adecuadamente para no caer en las redes de charlatanes de apariencia pseudocientífica.

El 45% de las webs no son de fiar

Según un estudio realizado por los pediatras del hospital universitario de Santiago de Compostela (España), con la investigadora Leticia Pías-Peleteiro a la cabeza, el 45% de las páginas a las que nos dirige Google no son fiables. Además, el 35% de las páginas analizadas en este informe -relacionadas específicamente con la idoneidad o no de la vacunación temprana contra el virus del papiloma- no  citan las fuentes de sus consejos o informaciones. Los buscadores, según este informe compostelano, ofrecen al internauta un abanico de respuestas contradictorias: un 72,2 por ciento de las webs recomiendan la vacuna contra el papiloma o no se pronuncian en contra, frente a un 27,8% que son claramente disuasorias.

¿Qué hace el usuario? ¿Moneda al aire o encomendarse a la dictadura del porcentaje? Lo mejor, según estos investigadores, es acudir a páginas reconocibles: y la forma de reconocerlas es comprobar que basan la información en fuentes. Las benditas fuentes de las que bebe el buen periodismo. 
 
Otro informe publicado en 2012 por el ONTSI (Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones) en España arrojó resultados reveladores tras encuestar a 5.500 ciudadanos: el 48,3 por ciento de los internautas utiliza la red como fuente de información sobre la salud. Y un 29,8% reconoce que consultó al menos una página médica en la última semana.

Las mujeres consultan en internet más que los hombres, en esta materia, y los jóvenes más que los mayores. Pero lo que sorprende es la falta de fiabilidad que otorgamos a la información en la red. Los médicos son valorados con una nota de 8,42 sobre 10 como fuente creíble en materia de salud. Los farmacéuticos les siguen con un 7,44. Con notas en rojo aparecen los medios de comunicación tradicionales, con un 4,96... y finalmente internet con un 3,85. Es decir, donde esté un médico que se quite lo demás.

¿Para qué recurrimos al  Dr. Google? Según la encuesta, para encontrar información sobre enfermedades (40% de las búsquedas), nutrición, alimentación y estilos de vida saludables (16,8%) y medicamentos (16,0%).

Siete de cada diez internautas busca información sobre salud

El reciente estudio del Instituto Pew titulado "The Diagnosis Difference", va más allá y refleja cómo los pacientes contrastan lo que encuentran en internet con sus propios médicos y cómo buscan no sólo información sobre sus enfermedades y las medicinas que las curan sino sobre las experiencias personales de otros enfermos. Según la encuesta de esta prestigiosa entidad académica, el 70% de los internautas estadounidenses han buscado información sobre salud en el último año.

¿Qué es lo que más buscan? Este es el ranking de búsquedas sobre salud en Estados Unidos:

- 1º Enfermedades
- 2º Tratamientos
- 3º Formas de perder peso
- 4º Seguros médicos
- 5º Seguridad alimentaria

La búsqueda, en 8 de cada 10 casos, la inician en Google, Bing o Yahoo. Dejamos nuestra salud virtual en manos de los buscadores. Nadie con criterio nos orienta.

El 45% de la población de EEUU padece alguna enfermedad crónica. De ellos, un 53% reconoció en la encuesta que la información que encontró en internet fue lo que le hizo pensar que debía ir al médico. Internet, como decíamos antes, puede salvar vidas y ayudarnos a mejorar nuestros hábitos para hacerlos más saludables.

El 60% de los enfermos encuestados había contrastado la información que encontraron online con sus médicos. Es decir, los médicos norteamericanos están acostumbrados a hablar con sus pacientes sobre webs de salud. Casi uno de cada tres enfermos crónicos consulta webs donde otros pacientes cuentan sus experiencias. Miran pero apenas aportan: un 12% pregunta alguna vez en internet por sus padecimientos y sólo un 9% reconoce que cuenta en la red sus problemas personales de salud.

Todo gratis: no pago ni por la salud

¿Estamos dispuestos a pagar por información de calidad sobre la salud? Parece que no. En la encuesta del Pew Institute se preguntó sobre este interesante tema tanto a internautas sanos como a enfermos crónicos.

Entre los crónicos, un 30% reconoció que en algún momento se encontró con una web que les pedía un pago por seguir navegando. Su reacción fue, en un 97% de los casos, marcharse a otra página o dejar de buscar. Sólo un 2% decidió pagar.

En el caso de las personas sin enfermedades declaradas, el 23% se ha topado alguna vez con una web de pago. El 96% decidió largarse de allí inmediatamente. Un 3%, en cambio, optó por pagar por esa valiosa información de salud. 
 
¿A dónde acudo entonces?
 
Las webs de sociedades médicas (Cardiología, Medicina de Familia, Ginecología, Diabetes, Oncología, Hipertensión, etc.) y de asociaciones de enfermos se nos presentan hoy en día como las mejores referencias, así como los portales de los servicios de salud de las comunidades autónomas españolas, de la Agencia Española de Medicamentos (www.aemsp.gob/es) y del servicio de salud de EEUU www.cdc.gov/spanish 
 
A mí me gusta especialmente el estilo de páginas como www.efesalud.com (portal de salud de la Agencia EFE) y los cuidados suplementos online de periódicos como www.abc.es/salud, www.lavanguardia.com/vida/salud y www.elmundo.es/salud

La próxima vez que vaya al médico, no le pida que le explique todo, hasta el más mínimo detalle, sobre su dolencia porque lamentablemente habrá muchos pacientes en la sala de espera. Pero, ¿por qué no solicitarle al doctor un link donde ampliar mi información? Hasta ahora, en las consultas sólo nos daban fotocopias.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

La intimidad ha muerto ¡Vivan las Google Glass!


Año 2014 d.C. La intimidad ha muerto. No nos hagamos los sorprendidos, porque ya estábamos avisados. Hemos arrojado a la hoguera de las redes sociales el pudor y los secretos de familia. Tolstoi, Jane Austen y Conan Doyle se morirían hoy de hambre. Facebook acabó con el diario adolescente, y las Google Glass con el monóculo, la lupa y el ojo de la cerradura. 

Con la universalización de las Google Glass la mirada humana, entendida como el punto de vista irrepetible de cada uno de los individuos de una especie inteligente, puede estar entonando su final. Mirar con otros ojos, mirar con perspectiva, mirar de reojo, mirar de soslayo, entornar los ojos, guiñar un ojo, echar un vistazo... Arcaísmos analógicos que la nueva lente no procesará. A golpe de clic grabaremos sin discriminar lo interesante de lo importante, lo privado de lo público. Son gafas que ni miran ni ven: registran. 

De momento unas 10.000 personas han probado ya las GG. Al margen de su éxito comercial, la tecnología llamada "wearable" ha llegado para quedarse. Tecnología de camuflaje, instalada en la ropa o directamente en la epidermis.

En "The Entire History of You", tercer episodio de la inquietante serie británica Black Mirror, los seres humanos llevan un chip incorporado detrás de la oreja donde almacenan todo lo que ven. Si quieren recuperar una imagen del pasado, sólo tienen que rebobinar. La ciencia ficción, como siempre, anticipando el futuro. 

Los humanos, frente a otras especies, vemos en color, pero además miramos y nos escondemos de la mirada del otro. Empieza a ser imposible debido a la proliferación de cámaras de vigilancia, de los teléfonos de última generación y, desde ahora, de las invasivas gafas. "Veremos muy pronto un mundo en el que tus movimientos sean seguidos en todo momento, en que un extraño que se cruce contigo en la calle te podrá identificar inmediatamente", advierte The Economist en un reciente informe.

Parece que Google ha decidido que las Glass sólo graben breves intervalos y ha excluido de momento las aplicaciones de reconocimiento facial. Pero vendrán otras lentes que funcionen  ininterrumpidamente y lo suban todo a la nube. Los drones y las gafas han llegado también para quedarse. 

La alarma es general. Según The Economist, es urgente regular el uso de estos instrumentos porque ya están aquí y, además, cada vez serán más sofisticados y diminutos. La sociedad debe poder decidir qué se puede grabar y con qué fines. 

Mi impresión es que las Google Glass van a terminar de dinamitar dos conceptos ya muy endebles: la propiedad intelectual y la intimidad. No son tan antiguos como el hombre de Atapuerca, porque ambos derechos nacieron, o al menos se consolidaron jurídicamente, en el siglo XVIII. Son convenciones que habrá que sustituir por otras.

Decía Umberto Eco en el año 2000, en los albores de la era digital, que la defensa de la privacidad no sólo es un problema jurídico, sino moral y antropológico cultural. "Creo que una de las grandes tragedias de la sociedad de masas, de la sociedad de la prensa, la televisión e internet, es la renuncia voluntaria a la privacidad. La máxima renuncia a la privacidad (y, por tanto, a la discreción, incluso al pudor) es -en el límite de los patológico- el exhibicionismo", se lamentaba Eco.

Para el semiólogo piamontés, tendremos que aprender a elaborar, difundir y premiar una nueva educación de la intimidad, educar en el respeto a nuestra propia privacidad y a la de los demás. Es la ética de la intimidad (lo que yo hago con la información que los demás comparten conmigo) y la ética de la publificación (lo que yo decido difundir de mí mismo) de las que habla Jeff Jarvis. Según The Economist, la ideología liberal ha descuidado paradójicamente el derecho del ciudadano a mantener un "espacio personal online". Es hora de ponerse a trabajar. No podemos cerrar los ojos. 

lunes, 25 de noviembre de 2013

Piensa grande, escribe corto



Cada día producimos 3,6 billones de palabras en la red. Recientemente se lo escuché a Alejandro Piscitelli en un congreso organizado por Educación 3.0. La nube se puebla de palabras. Frente a quienes vaticinaban el fin de la escritura con las TIC, vivimos hoy una nueva era alfabética. Una de las tantas paradojas de la cultura digital, como subraya Umberto Eco en "Nadie acabará con los libros".
 
La saturación nos fuerza a leer en diagonal y a desechar sin contemplaciones miles de mensajes que nos inundan desde los  medios, los blogs, el correo electrónico, los chats o las redes sociales. La mayor parte de las palabras se pierden en el camino o se instalan en la nube. Nunca bajarán a la tierra.  Por eso los lectores de blogs, tuits y titulares agradecemos aquel viejo consejo de George Lois: "Think Long. Write Short".
 
"Piensa grande, escribe corto". El mago de la publicidad del siglo XX, en quien se inspiró Matthew Weiner para el personaje de Don Draper en Mad Men, esculpió en sólo cuatro palabras la métrica de la modernidad.
 
Hoy me aplico el cuento. Entrada corta, salida triunfal.

martes, 12 de noviembre de 2013

Facebook y Twitter: Más de 150 amigos es vicio

¿Cuántos amigos tienes en Facebook? Si son más de 150, es que no son amigos.
 
Un antropólogo británico, Robin Dunbar, publicó en 1992 en el Journal of Human Evolution que la especie humana sólo puede interactuar con un máximo de 147,8 individuos. Ese círculo lo conformarían amigos, colegas de trabajo, clientes, familiares o vecinos. No es casual que la media de invitados a una boda ronda los dos centenares.
 
La hipótesis de Dunbar es que las relaciones sociales de los primates, y por tanto de los humanos, están vinculadas al volumen del neocórtex cerebral. De hecho, las comunidades humanas más básicas -la aldea, el clan o las unidades militares- reúnen a una media de 150 individuos. La sociabilidad no tiene que ver con el encanto, sino con la capacidad craneal. Y nuestro neocórtex, por mucho que se empeñen Mark Zuckenberg y Jack Dorsey, no da para más.  
 
 
Lo cierto es que la reputación no la podemos medir por el número de seguidores en las redes sociales, sino por la calidad de éstos y el contenido que compartimos. En este sentido, los círculos sociales en que LinkedIn clasifica nuestro entorno de relaciones profesionales se acercan más a la realidad. Contactos de primera, de segunda y de tercera.
 
 
No ocurre lo mismo con Twitter o Facebook, que desde fuera no admiten otro intrumento de medición que la báscula. Decía John Carlin hace tiempo en un interesante artículo que Twitter es más para el narcisista. El tuitero tiene que demostrar al máximo número de gente posible lo listo, gracioso o ingenioso que es. Y también es más cerebral. 
 
 
Facebook, por el contrario, es exhibicionista y corporal: ahí colgamos nuestras novias y novios, las fotos de las vacaciones o el cruasán que desayunamos. Coincido básicamente con Carlin, pero vengo observando en los últimos meses que los usuarios sobre todo más jóvenes irrumpen en Twitter con una espontaneidad y desinhibición más propias de redes cerradas como Tuenti y Whatsapp. Es decir, rompiendo la etiqueta.
 
 
Twitter no es ciertamente el comedor de Downton Abbey, pero en internet imperaba hasta ahora una especie de derecho consuetudinario muy saludable. El trasvase de usuarios de unas redes a otras, con el manual de instrucciones incluido, puede modificar el ecosistema a muy corto plazo. Atentos.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Shadow: una aplicación para leer nuestros sueños

 

El iPad nos sienta por fin en el diván del psicoanalista. Cuando creíamos que lo habíamos previsto todo, llega alguien dispuesto a poner a prueba nuestro vértigo digital. Porque el Big Data, ese agujero negro que fagocita la materia del universo cibernético, amenaza ahora con hurgar en  el rincón más íntimo de los seres humanos: los sueños. La idea ha partido de Hunter Lee Soik, un joven estadounidense de origen coreano. Su creación se llama Shadow, una app diseñada para grabar nuestros sueños y subirlos a la nube. La aplicación estará disponible en diciembre. El proyecto será posible gracias a los 82.000 dólares recaudados a través de una plataforma de crowdfunding.
 
¿Cómo funciona Shadow? Básicamente es un reloj despertador programado en "piano forte". Nos va avisando con dulzura que se acerca la hora de levantarse. Son hasta treinta minutos de alarma retardada que nos permite desperezarnos lentamente, acunados por un zumbido in crescendo. En los instantes previos a la bocina final, la aplicación enciende el botón rojo del REC y comienza a grabar: requiere, eso sí, la colaboración del usuario, que en ese duermevela deberá susurrar las imágenes y escenas que se le han aparecido en sueños. Un caballo, una persecución, un columpio, una tempestad, un dragón, una sombra...
 
La aplicación registra los símbolos y los sube a la nube, donde un programa los procesará inmediatamente, cruzándolos con los sueños de otros usuarios y conjugando variables como el sexo y la edad del durmiente (no necesariamente bello), su nacionalidad, su nivel cultural, etc. En unos segundos tendremos en el teléfono o tableta la explicación del sueño y comprobaremos si nos hemos instalado en la clase media onírica o si tenemos algún motivo para asustarnos. Para decidir, en último término, si ese día no nos levantamos.
 
Hunter Lee Soik, según nos explica la revista The New Yorker, es un coreano de 31 años adoptado hace tres décadas por una familia de Wisconsin. Tras abandonar sus estudios de fotografía en California, se enroló en el equipo de producción de la gira Watch the Throne de los raperos Jay-Z y Kanye West. También ha trabajado para la modista británica Stella McCartney. Para diseñar Shadow se ha sumergido en las obras de Freud y Jung. Y está convencido del éxito de su proyecto. En la página lanzadera de Shadow, más de 30.000 personas se han mostrado dispuestas a probar su app, cuenta orgulloso al semanario neoyorquino. En el desarrollo de Shadow participa un neurocientífico sevillano, Umberto León, según supimos recientemente gracias al diario El Correo de Andalucía.
 
Los datos acumulados en la nube tendrán un valor incalculable. Sólo podrán consultarse con permiso expreso del soñador, como nos recuerda la revista The Atlantic. En ese sentido, funcionará como cualquier red social. El usuario podrá elegir el grado de privacidad de sus sueños: si los quiere compartir con otros usuarios y si los pone a disposición de la ciencia.
 
El alcance de esta red social es tan apasionante como inquietante ¿Qué sueñan miles de personas a diario? ¿Se pueden clasificar los sueños por razas, nacionalidades, edad, sexo o nivel económico? ¿Nos afectan los acontecimientos que vemos en la televisión en los días previos? ¿Predecimos masivamente en nuestros sueños algo que va a ocurrir? Hunter cree posible crear una comunidad de soñadores. Puede ser la  red de la  próxima década. Aventuremos algún nombre: iDreamer, Ice Dream, Dreambook... 
 
Data-Mining Our Dreams, un  reciente artículo de The New York Times, aclara que no es el primer intento de minería de datos sobre los sueños. Nos podemos remontar a 1893, cuando la psicóloga estadounidense Mary Whiton Calkins se propuso anotar en un diario sus propios sueños y los de un colega en un período de siete semanas. Llegó a reunir 375 fichas. Gracias a la técnica introducida por esta cientifica pionera en su estudio, llamado "Estadísticas de los sueños" y citado por el propio Freud, sabemos hoy, por ejemplo, que los artistas sufren pesadillas con más frecuencia, que los sueños de los niños están poblados de animales o que cuando estamos dormidos hacemos más vida social que en nuestra vida real.
 
"El misterio es lo más hermoso que nos es dado sentir". Lo escribió Albert Einstein. Sin esa fascinación por las sombras no avanzaría la ciencia ni se produciría el arte. Los sueños, hasta ahora, permanecían anclados en ese ámbito de lo insondable. Pero jamás hubiéramos imaginado que descifrarlos sería una tarea colectiva.

lunes, 4 de noviembre de 2013

¡Vade retro Wikipedia!


Del millón de artículos que acumula la Wikipedia en español, ¿cuáles fueron las biografías más consultadas el pasado mes de abril? Ni Rafa Nadal, ni Lady Gaga ni Lionel Messi. Los artículos más populares correspondieron a Ella Fitzgerald (1,2 millones de visitas), Leonhard Euler (592.000) y  María Sibylla Merian (466.000).
 
Reconozcámoslo: nos suena la reina del jazz, pero del matemático suizo del XVIII y de la entomóloga alemana del XVII apenas habíamos oído nada.  Más de un millón de usuarios de la Wikipedia no pueden equivocarse. ¿Por qué se interesaron por ellos? La explicación es sencilla. Los tres tenían algo en común: habían nacido en un mes de abril y fueron tocados por esa varita mágica llamada doodle. Conexión Google-Wikipedia. La edad de oro de las efemérides.
 
Con permiso de los Trending Topics de Twitter, las estadísticas de Wikipedia son un buen barómetro de la actualidad. En ese mes de abril en que nos hemos fijado, también encabezaban las consultas Margaret Thatcher,  Harlem Shake, Cincuenta sombras de Grey o la Copa Libertadores. Según contabiliza la propia enciclopedia digital, los hispanohablantes consumimos 1.274 millones de páginas de Wikipedia al mes. Han leído bien: mil doscientos millones de consultas mensuales a la Wikipedia en español. Vale la pena detenerse en este monstruo enciclopédico.
 
Profesores y periodistas coincidimos en exteriorizar nuestra aversión a la Wikipedia. La utilizamos en nuestra vida personal y profesional tanto como los demás mortales, incluso más, pero como  padres temerosos instruimos a alumnos y aprendices para que enfríen su wikientusiasmo.
 
Como casi todo lo que nos asusta en la nueva sociedad digital, nos preocupamos por las consecuencias sin percibir la capacidad que tenemos como usuarios y consumidores para tejer la red. Wikipedia es uno de los mejores ejemplos. La vemos como veíamos antes la caja tonta. Sentados comodamente para poder criticarla. Olvidando que la importancia de nuestra posición en internet no está en lo que bajamos, sino en lo que subimos.
 
La Wikipedia en español: mucho leer y poco escribir
 
Los datos que publica la propia Wikipedia arrojan resultados esclarecedores sobre cómo nos comportamos los usuarios hispanohablantes. De los 30 millones de artículos que acumula la enciclopedia, sólo 1.055.000 están en español. Es la octava lengua en Wikipedia, por detrás del ruso y justo por delante del polaco. Nos superan el inglés, el francés o el alemán, pero también el neerlandés, el sueco y el italiano. El catalán ocupa la decimoséptima plaza y es una de las lenguas que más crece en Wikipedia. Suma 414.000 artículos hoy en día, por encima del árabe, el turco, el checo, el coreano o el hindi.
 
Somos, por tanto, los octavos en número de artículos pero los segundos en número de lectores (sólo nos superan los anglohablantes) y  también los segundos en usuarios registrados (más de 2,8 millones de usuarios hispanos que interactúan con la enciclopedia). Es decir, cumplimos el tópico latino: trasteamos mucho con la Wikipedia, entramos fácilmente en la discusión y nos gusta corregir a los demás, pero en términos absolutos producimos menos que los suecos, los alemanes o los italianos. 
Hablemos de fiabilidad

En "La Revolución Wikipedia" el periodista francés Pierre Assouline subraya que el asunto de las fuentes es el fundamento de cualquier investigación, ya sea ésta histórica, científica o periodística. El problema, nos recuerda este profesor, es que Wikipedia diluye tanto la fuente que la elude. Es decir, no la denostamos por la calidad de sus textos sino porque no nos remite a sus orígenes. La fuente tiene una "geometría variable": el último en hablar tiene razón, hasta que hable el siguiente.

Y por cierto... ¿Cuáles son los orígenes de la Wikipedia? Se creó el 15 de enero de 2001 en EEUU. Los primeros artículos fueron en inglés. La versión española se inauguró el 21 de mayo de ese año con una entrada sobre "Países del mundo".  
 
La Wikipedia no nació en un garaje ni en Silicon Valley. Lo hizo gracias a los beneficios que le reportó a Jimmy Wales un portal porno, Bomis.com, ya desaparecido. Hoy en día sigue sin incluir publicidad y se financia a través de donaciones.
 
En el mundo académico, como sostiene "La Revolución Wikipedia",  hay cierto consenso en que es útil para investigaciones menores, secundarias y puntuales. "Suele ser fiable en lo referente a las ciencias exactas y a la técnica, así como a los ámbitos que apenas se prestan a la controversia (botánica, zoología, matemáticas, física…). Pero en cuanto abordamos temas sensibles como la historia, la evolución o la política, la duda está sembrada". No hay análisis, ni síntesis, las fuentes no están jeraraquizadas y hay juicios muy discutibles, señala este interesante estudio sobre la Wikpedia.
 
Un  reportaje de Tim Adams en The Obsever, del 1 de julio de 2007, alertaba del “maoísmo digital” que representa ideológicamente la Wikipedia, como lo denomina el polémico ensayista estadounidense Jaron Lanier. La dimensión colectivista de la Wikipedia es sólo una de las geniales ocurrencias del autor de "Who owns the future?", donde defiende que las redes sociales nos paguen por utilizarlas. En español podemos leerle en "Contra el rebaño digital", traducción libre de "You're not a gadget".
 
En otra línea, la revista científica Nature publicó el 14 de diciembre de 2005 un estudio comparando 42 artículos científicos de Wikipedia y 45 de la Britannica.  La consideró casi tan exacta como la enciclopedia de las enciclopedias. Los expertos de Nature hallaron 132 errores en la Britannica y 162 en la Wikipedia. La conclusión: la Britannica es sólo un 24% más fiable que la Wikipedia. Ésta, por tanto, acariciaba ya su objetivo fundacional de “alcanzar un nivel de calidad al menos equivalente al de la enciclopedia Britannica”.
En la Wikipedia hay controles. No puedes escribir si han detectado que tu IP actúa de forma irregular. Existe una "patrulla" que restaura el artículo si descubre que se han hecho cambios inadecuados, ya sea por vandalismo o por acción de agencias, instituciones o empresas interesadas Y algunas entradas muy polémicas, como Hitler, Franco o Bin Laden, sólo pueden ser modificadas por wikipedistas autorizados. Y un comité de expertos media cuando hay diferencias entre los autores de un artículo. Ahora que nos escandalizamos con el caso Snowden, en su día ya se denunció que la CIA había modificado la biografía de Ahmadineyad o que el lobby de armas había reescrito el artículo sobre Irak para relacionarlo con el 11S.
 
Todos excomulgados
 
En un oceáno de treinta millones de artículos, las controversias y los errores no dejan de ser la excepción. La experiencia colaborativa de Wikipedia se nos presenta como una de las mejores expresiones de la nueva sociedad digital. La Enciclopedia de Diderot y d’Alembert atesoraba 72.000 artículos, escritos por más de 160 "wikipedistas" de la época, allá por mediados del XVIII. Clemente XIII la condenó en 1759 por herejía. La bula papal, “Damnatio et prohibitio operis in plures tomos distributi, cujus est titulus: Encyclopédie”, invitaba a quemarla en la hoguera. Nada pudo hacer para evitar la difusión de la razón y del ideal ilustrado. No hay excomunión que valga.